Y… ¿los que no fuman?
El humo del tabaco, como sabemos, afecta también a los no fumadores. El fumador “pasivo o involuntario“, está sometido al humo del tabaco de las personas fumadoras y llega a inhalar en una hora una cantidad correspondiente a uno o dos cigarrillos.
Como ya se ha dicho, y además de su contenido nocivo, el humo es lo más perjudicial del tabaco y en lugares herméticamente cerrados.
No en vano, el de un solo paquete de cigarrillos sería suficiente para provocar una verdadera intoxicación.

Este humo es especialmente perjudicial para aquellos que no fuman y que padecen bronquitis, alergias y enfermedades del corazón. También perjudica mucho a los niños. Se ha comprobado que hay un aumento de infecciones respiratorias en los niños de familias fumadoras y que la incidencia de neumonías, crisis de asma y bronquitis es mayor en ellos que entre los pequeños que pertenecen a familias de no fumadores.
Asimismo, los niños expuestos durante tiempo al humo del tabaco sufren un aumento del ritmo cardíaco y la tensión arterial que pueden llegar a convertirse en crónicos.
Vía | Help, Por Una Vida Sin Tabaco (Unión Europea)
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