La “distimia” y las flores que nos hacen recuperar el humor. Parte 2º
Es importante destacar, que no obstante esta conducta, de “falta de ganas”, la persona que lo sufre no manifiesta mayores problemas en el área laboral ni social.
En los niños y adolescentes, los síntomas son diferentes, ya que no están relacionados con la falta de ganas y el deterioro en el aspecto laboral y social, sino que se puede empezar a pensar en distimia infantil cuando se observa una irritabilidad y hostilidad en forma casi ininterrumpida a lo largo de todo un año. Lo más aconsejable es que la primera consulta se realice con el pediatra para descartar problemas orgánicos y que él se encargue de la derivación profesional.
Una de las mayores dificultades en el tratamiento de la distimia reside en el hecho de que nadie reconoce su propio malhumor. La persona puede admitir que, a veces, pierde los estribos o se retrae, pero el malhumor es siempre de los demás.

Como la mayoría de los distímicos lo niega, es difícil abordarlos y decir que ellos tal vez tengan problemas de personalidad. A pesar del pesimismo, de la tristeza y de la incapacidad de placer o relajamiento, muchos de ellos son metódicos, disciplinados y eximios cumplidores del deber.
Nadie percibe que, por detrás de la ansiedad, escepticismo y tremenda autocrítica, vive un corazón atormentado. Y, si tenemos en cuenta que la depresión está asociada a sentimientos de frustración y pérdida afectiva o material, lo ideal es incentivar a esa persona a buscar salidas que fortalezcan a su yo y rescaten su verdadera personalidad, amenazada por la fragilidad y por la baja autoestima.
Este artículo continúa en: La “distimia” y las flores que nos hacen recuperar el humor. Parte 3º
Imagen: aliascane
Vía: Revista impresa “Buena Salud”
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