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	<title>Comments on: Los genes que nos adapatan a el clima frio, prodrian ser el origen de la “Obesidad y la Diabetes”</title>
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		<title>By: Marcos</title>
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		<dc:creator>Marcos</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 Nov 2011 20:00:25 +0000</pubDate>
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		<description>¡Hola! Yo creo, que, así como, el síndrome metabólico, contiene a la diabetes, esta, subsume la voracidad, la cual es ése no sé qué, que hace, que tengamos hambre, cuando, ya, hemos venido a comer lo suficiente. Supuestamente, dicha voracidad, es la inhibición mórbida de ese asco &quot;sano&quot;, que deberíamos sentir, luego de comer lo suficiente: ¿no? De niño, yo, lo experimentaba. Así, porque, nadie, te da una solución, he estado estudiando dos cosas, para &quot;rejuvenecer o sanear&quot; mis instintos alimenticios. Teoricé estas dos hipótesis y, luego, las experimenté (tesis), contrastándolas con una antítesis, para refutarlas, claro. Una es, si, yo, podía adaptarme a comidas de 560 kcal o menos, distanciadas cada 3 horas; ya que, antes, ansiaba el &quot;día feliz&quot;, que podía engullir 3000 kcal en una sola comida ... que ni siquiera me satisfacía, porque seguía con hambre y, ya, me ponía a imaginar el próximo &quot;día feliz&quot; ¡Una locura! no obstante lo padecía como un sino de mi destino.  Nunca, engordé ni dieron mal mis hemo y urogramas (tengo 44 años) ... sin embargo, tenía muchos síntomas de la diabetes: hiperfagia, poliuria y polidipsia ... es decir, que era cuestión de tiempo y sería diabético u obeso o bulímico. Otra es, si, yo, lograba acostumbrarme a alimentos de 90 kcal/100 g, como &quot;base&quot; de mi dieta (frutas, especias, verduras menos ajo y batata, que tienen más de 90 kcal/100 g, judía fresca, choclo y pescados blancos, etcétera) ... lo que implica cantidades infinitesimales de alimentos con más de 90 kcal/100, que son harinas, cereales deshidratados, pan, golosinas, azúcar, miel, bollería, comidas aceitosas, todos los quesos con sabor a queso (je). ¡Bien! Probé y adivinen qué: ¡la voracidad cedió! Dejé de estar, todo el día, pensando en los manjares, que, ese &quot;día feliz&quot;, egulliría. Además, luego de comer, comenzaba a sentir aquella náusea de niño, que me indicaba, que, ya debía parar. Ahora, ¡atención!, en una reunión con amigos, llego a probar, por ejemplo, pechuga de pollo sin sal, con 104 kcl/100 g y puedo devorarme dos pollos, que, nunca, me sacio ¡pero si no tiene sabor a nada pero, igual, no puedo parar!; es decir, no siento esa náusea sana, de la que les hablaba. O bien si paso las 500 kcal de bollería, en una tertulia ... despídanse de la bandeja entera ... y sigo con hambre. Otra cosa, que se manifestó en mi psico-biología es, que, a pesar, que soy delgado y fibroso (16 cm muñeca, 60 kg, 174 cm), mi rostro y mis pies, adelgazaron de &quot;grasa&quot;. ¡Chau!</description>
		<content:encoded><![CDATA[<div id="HOTWordsTxt" name="HOTWordsTxt">¡Hola! Yo creo, que, así como, el síndrome metabólico, contiene a la diabetes, esta, subsume la voracidad, la cual es ése no sé qué, que hace, que tengamos hambre, cuando, ya, hemos venido a comer lo suficiente. Supuestamente, dicha voracidad, es la inhibición mórbida de ese asco &#8220;sano&#8221;, que deberíamos sentir, luego de comer lo suficiente: ¿no? De niño, yo, lo experimentaba. Así, porque, nadie, te da una solución, he estado estudiando dos cosas, para &#8220;rejuvenecer o sanear&#8221; mis instintos alimenticios. Teoricé estas dos hipótesis y, luego, las experimenté (tesis), contrastándolas con una antítesis, para refutarlas, claro. Una es, si, yo, podía adaptarme a comidas de 560 kcal o menos, distanciadas cada 3 horas; ya que, antes, ansiaba el &#8220;día feliz&#8221;, que podía engullir 3000 kcal en una sola comida &#8230; que ni siquiera me satisfacía, porque seguía con hambre y, ya, me ponía a imaginar el próximo &#8220;día feliz&#8221; ¡Una locura! no obstante lo padecía como un sino de mi destino.  Nunca, engordé ni dieron mal mis hemo y urogramas (tengo 44 años) &#8230; sin embargo, tenía muchos síntomas de la diabetes: hiperfagia, poliuria y polidipsia &#8230; es decir, que era cuestión de tiempo y sería diabético u obeso o bulímico. Otra es, si, yo, lograba acostumbrarme a alimentos de 90 kcal/100 g, como &#8220;base&#8221; de mi dieta (frutas, especias, verduras menos ajo y batata, que tienen más de 90 kcal/100 g, judía fresca, choclo y pescados blancos, etcétera) &#8230; lo que implica cantidades infinitesimales de alimentos con más de 90 kcal/100, que son harinas, cereales deshidratados, pan, golosinas, azúcar, miel, bollería, comidas aceitosas, todos los quesos con sabor a queso (je). ¡Bien! Probé y adivinen qué: ¡la voracidad cedió! Dejé de estar, todo el día, pensando en los manjares, que, ese &#8220;día feliz&#8221;, egulliría. Además, luego de comer, comenzaba a sentir aquella náusea de niño, que me indicaba, que, ya debía parar. Ahora, ¡atención!, en una reunión con amigos, llego a probar, por ejemplo, pechuga de pollo sin sal, con 104 kcl/100 g y puedo devorarme dos pollos, que, nunca, me sacio ¡pero si no tiene sabor a nada pero, igual, no puedo parar!; es decir, no siento esa náusea sana, de la que les hablaba. O bien si paso las 500 kcal de bollería, en una tertulia &#8230; despídanse de la bandeja entera &#8230; y sigo con hambre. Otra cosa, que se manifestó en mi psico-biología es, que, a pesar, que soy delgado y fibroso (16 cm muñeca, 60 kg, 174 cm), mi rostro y mis pies, adelgazaron de &#8220;grasa&#8221;. ¡Chau!</div>
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