La terapia del aroma y el color. Parte 2º
Este artículo es continuación de: La terapia del aroma y el color. Parte 1º
Esta terapia, llamémosla “sensual”, está ligada a que el olfato es el sentido más instintivo y tiene una función vital para la supervivencia, no solo de los animales como se suele suponer, sino también de los humanos.
Basado en esta premisa, ya en el siglo V antes de Cristo, Hipócrates, el padre de la medicina, aseguraba que “El camino hacia la salud es un baño aromático y un masaje con aceite todos los días.”

La aromaterapia se basa en el uso de las fragancias de las plantas, concentradas en aceites escenciales para mejorar la salud general y estimular el bienestar.
Los aceites escenciales son sustancias aromáticas muy volátiles que se extraen de plantas, cortezas de árboles, raíces, semillas, resinas y flores. Estos compuestos químicos orgánicos concentran toda la energía y vitalidad de las plantas y son solubles en aceite, agua o alcohol.
Añadidos a la cera de las velas, al ser encencidas se emanan perfumando el ambiente. De este modo, al ser inhaladas indirectamente, sus moléculas odoríferas llegan a los órganos internos (glándulas, nervios y aparato circulatorio.) y ejercen una acción armonizadora, relajándolos o estimulándolos.
Otras moléculas actúan en forma más directa por medio de los diez millones de neuronas que poseen en la nariz (los receptores olfatorios) y llegan al sistema límbico, el centro emocional del cerebro.
La aromaterapia y las velas, como un instrumento de este método, se utilizan para aliviar una amplia variedad de síntomas, desde la ansiedad hasta el insomnio, el acné, el estrés y el envejecimiento cutáneo.
Este artículo continúa en: La terapia del aroma y el color. Parte 3º
Imagen treehugger
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