Las aguas termales son aquellas aguas minerales que, a más de 5º que la temperatura superficial,, salen del suelo, procediendo de capas subterráneas de la Tierra que se encuentran a una mayor temperatura.
Estas capas son ricas en distintos componentes minerales, ya que por ejemplo contienen hierro, flúor, bromo, yodo, boro, sodio, cromo, fósforo o silicio carbónico, entre otros.
Como ya hemos visto en algún que otro momento en Viviendo Sanos, las aguas termales cuentan con una serie de propiedades realmente beneficiosas para la salud de las personas que siguen el tratamiento, pero en esta ocasión nuestro objetivo no es, precisamente, ocuparnos sobre los beneficios de las aguas termales, sino conocer en qué consiste un tratamiento de agua termal y cómo se realiza.
El tratamiento con aguas termales
Actualmente, la duración media de un tratamiento termal dura entre los 3 y 7 días, aunque lo más recomendable para que los efectos del mismo sean ciertamente duraderos, es que éste sea por 15 días.
En lo que se refiere al tratamiento en sí, y a su repercusión en la salud de la propia persona, tal y como anteriormente nos ha comentado Vika, cuando alguien se expone a un baño con agua termal recibe la acción directa de la temperatura caliente en forma de shock.
En este momento en concreto, los minerales empiezan a ser absorbidos por la piel, y luego son depositados en el tejido celular subcutáneao del paciente, desde donde se ejerce una acción muy importante activando el metabolismo orgánico.