La bardana es una planta medicinal que se ha utilizado según data la historia para tratar cantidad de enfermedades, entre las que se incluyen el reumatismo, artritis, diabetes y caída del cabello, etc.
Las raíces de ésta planta contienen compuestos insaturados como polienos, taninos y fitohemaglutinina, que le confieren propiedades antibacterianas y antifúngicas, las más características de esta planta y por las que se emplea en heridas, furunculosis, acné, abscesos y ulceraciones tórpidas. Es depurativa, sudorífica y estomacal. También presenta propiedades hipoglucemiantes, astringentes y diuréticas, por lo que su uso también se recomienda en diabetes, disquinesia biliar y gota.

La bardana es una planta silvestre bienal, los orientales la cultivan por sus propiedades medicinales y nutricionales. En su cultivo exige tierras bien trabajadas y abonadas. Y crece espontáneamente en terrenos baldíos si su contenido en nitrógeno es bueno.
¿Cómo reconocerla?
Se la reconoce por sus grandes hojas (de forma alargada y acorazonada en la base), que en su primer año de vida crecen en forma de roseta, a ras del piso. Las hojas son verdes en su parte superior; y blanquecinas en su cara inferior.
En el segundo año es cuando da flores y frutos, desarrollando un tallo que puede llegar a los 2 metros de altura. Las flores rojizas se dan todas en el extremo superior y de allí surgen los frutos (abrojos) que contienen las semillas. Las raíces pueden desarrollarse a varios metros de profundidad. Una variedad que suele confundirse es Arctium minus, cuyas hojas son más pequeñas y cuyas flores (y frutos) se distribuyen a lo largo del tallo. Sus propiedades son parecidas pero de acción menos intensa.
Este artículo continúa en: Bardana, la planta de las soluciones. Parte 2º
Imagen: giardinaggio