Escrito por Tendenzias

10 trucos para controlar los hábitos alimentarios

El acto de comer es un conjunto de hábitos arraigados desde la infancia que suelen mantenerse a lo largo del tiempo, a menos que hagamos un esfuerzo consciente por reconducir ciertas costumbres. Nunca es tarde para aprender a comer o para educar el paladar y admitir nuevos sabores. Buscar el resultado a toda costa puede llevar a realizar cambios repentinos en los hábitos alimenticios, como tomar solamente piña o sopa de pepino. A corto plazo conseguiremos una visible pérdida de peso pero, a largo plazo, además de perjudicar la salud, esto no ayuda en absoluto a lograr el objetivo.

El único modo de conseguir un cuerpo saludable es hacer una profunda revisión de nuestras costumbres en cuanto a la alimentación y proponernos realizar algunos cambios con el objetivo de mantenerlos de por vida. Tendremos que focalizar nuestros esfuerzos en tres pautas definidas para comenzar el proceso.

  • Reflexionar. Conviene que hagas una valoración sincera de tus hábitos de alimentación, los buenos y los malos, así como de las situaciones que resulten un desencadenante para escoger alimentos pocos saludables.
  • Sustituir. Una vez localizados los malos hábitos, llega el momento de sustituirlos por costumbres más sanas.
  • Reforzar. Asumir que a partir de ahora tienes un nuevo estilo de vida en el que estás apostando por la salud y el bienestar.
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En este post te daremos 10 trucos para controlar los hábitos alimentarios y para que te sea más fácil cumplir esas tres pautas anteriormente mencionadas.

10 trucos para controlar los hábitos alimentarios

Aunque el acto de comer es algo que hacemos de manera consciente, lo que elegimos en nuestras comidas no siempre lo es. En la mayoría de ocasiones escogemos entre una opción u otra en función de impulsos automáticos escondidos en el inconsciente. Hay científicos que afirman que únicamente somos conscientes de un 5% de las decisiones que tomamos con respecto a la comida que compramos o comemos.

Controlar los hábitos alimenticios puede parecer muy complicado, pero te aseguramos que no es imposible si sigues una serie de pautas.

Lleva un diario donde anotes durante unos cuantos días lo que comes y la hora a la que lo haces

Esto te servirá para revisar tus hábitos desde otra perspectiva y descubrir el motivo de algunos de ellos. Tal vez así descubras que cada día, sobre cierta hora de la tarde, sufres una bajada de energía que te impulsa a tomar algo dulce. En función de eso, se puede planificar un menú con las cantidades suficientes de carbohidratos para que esto no ocurra. Es interesante también anotar qué emociones sientes al comer, sobre todo si lo haces sin apetito. ¿Te encuentras cansado, aburrido, ansioso, estresado?

Marca y resalta aquellos hábitos que están provocando que comas más de lo que necesitas. Suelen ser los siguientes.

  • Comer sin hambre.
  • Comer demasiado deprisa.
  • Comer siempre todo lo que te has servido.
  • Saltarse algunas comidas.
  • Comer de pie, que suele indicar impulsividad y hacer que se coma más deprisa.
  • Tomar siempre postre.

Reflexiona sobre esos hábitos poco saludables

Esfuérzate en identificar qué factores suelen desencadenar estos hábitos. Ve paso a paso, sin pretender cambiar todos esos malos hábitos de golpe y valora también los logros obtenidos. Ver el camino recorrido siempre será una buena inyección de motivación para proseguir en lo que nos hemos propuesto.

Realiza un listado de esos factores desencadenantes

Así podrás ser completamente consciente de cómo, cuándo y por qué se desencadenan esos impulsos que te llevan a comer sin hambre. Anota tu estado de ánimo y el contexto ambiental en ese momento. Algunos posibles factores desencadenantes pueden ser los siguientes:

  • Llegar del trabajo y no tener nada planificado para comer.
  • Tener en casa tus dulces y snacks preferidos.
  • Que alguien te ofrezca comida y no te sientas capaz de rechazarla.
  • Sentarse en el sofá a ver la televisión.
  • Pasar delante de escaparates tentadores.

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Marca de manera bien visible esos factores desencadenantes a los que te has de de enfrentar de forma diaria o con cierta frecuencia. Elabora también un plan para neutralizar esas situaciones. Céntrate en cada factor desencadenante y reflexiona sobre esos momentos haciéndote las siguientes preguntas:

  • ¿Qué puedo hacer yo para evitar esta situación? Esto funciona sobre todo cuando se aplica sobre factores que son independientes de otros. Por ejemplo, escoger un camino diferente para evitar esa pastelería tan tentadora o evitar llenar el carro de la compra de esos productos que tanto nos gustan pero que no nos benefician.
  • En aquellas situaciones que no puedo evitar, ¿qué puedo modificar para que sea más saludable? Hay momentos que no se van a poder eludir, como reuniones sociales o laborales donde es más fácil recurrir a esos malos hábitos adquiridos. Tal vez puedas evaluar alternativas como asistir habiendo tomado algo saludable previamente para no sentir hambre o realizar alguna actividad que te distraiga.

Cambia y sustituye las costumbres poco saludables por otras más saludables.

Por ejemplo, si te has dado cuenta de que tienes tendencia a comer demasiado deprisa cuando estás solo, puedes intentar almorzar de vez en cuando con alguno de tus compañeros. No ver la tele durante las comidas es una buena estrategia, ya que las distracciones exteriores hacen que no prestemos tanta atención a las cantidades que comemos ni al modo en que lo hacemos.

Otros consejos valiosos para ir sustituyendo malas costumbres pueden ser:

  • Obligarse a comer más despacio y de manera consciente, centrándose en disfrutar de cada bocado.
  • Comer únicamente cuando se tenga hambre y no para tratar de calmar algún estado anímico. En cuanto te des cuenta de que estás comiendo de manera emocional, ponte a hacer otra cosa para cortar con ese impulso. Sal a caminar, mantén una charla telefónica o realiza cualquier actividad que te haga sentir mejor.
  • Planifica tus comidas con antelación. Es muy práctico elaborarse un menú semanal y ceñirse a él en la medida de lo posible.

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Aprende a comer

Ampliar la cantidad de sabores que admite tu paladar es un hábito que se puede adquirir y que, además, merece mucho la pena. Si no te gustan la mayoría de las verduras, realmente puedes hacer que te gusten. Sal de compras, escoge las mejores, busca recetas, prepáralas hasta encontrar la manera que más te guste. Quizá al principio prefieras camuflar ese sabor que no te agrada demasiado pero con el tiempo te terminará gustando.

Infórmate

La nutrición es una ciencia que no nos suelen enseñar. Normalmente, en nuestra vida adoptamos los hábitos que nos traspasan nuestros mayores y que ellos, a su vez, adquirieron por tradición familiar. Nunca está demás asistir a alguna charla impartida por algún nutricionista o leer algún libro que nos explique por qué es tan importante comer (o no comer) de determinada manera. Entender nuestro cuerpo desde dentro puede ser un punto de inflexión para querer cuidarlo mejor.

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Refuerza los nuevos hábitos sin caer en un exceso de autoexigencia

Hay que tener en cuenta que es todo un proceso de desaprender y aprender de nuevo. Esto requiere tiempo y paciencia. Valora tus logros y no te castigues por tus errores.

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Fuentes de imágenes:

  • http://joryfisher. com/
  • http://chile.as. com/
  • http://recetaspararebajardepeso.blogspot. com.es/

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