La hamamelis en sí es una planta principalmente originaria del este de Estados Unidos y de Canadá, aunque en la actualidad es también cultivada en el continente europeo.
También es conocida popularmente con el nombre de el “avellano de la bruja”, tanto por el parecido con el avellano como por los poderes mágicos atribuidos a esta planta por los hechiceros indios.
En fitoterapia la parte más utilizada de esta planta son sus hojas. Esto es debido a que, en ella, encontramos flavonoides y taninos que, como bien sabemos ya, son unos principios activos algo más que interesantes en el tratamiento de trastornos circulatorios.
En ese caso, los taninos vienen a ejercer una acción venotónica que ayuda a facilitar la contracción de los capilares, los vasos y las venas, de tal forma que favorece así el flujo de la sangre.
En lo que se refiere a los flavonoides, éstos ejercen una acción vitamínica P que provoca un aumento de la resistencia de los pequeños capilares y venas, y en una disminución de la permeabilidad capilar.
Estos últimos confieren a sus hojas, además, una serie de importantes propiedades antioxidantes que protegen la pared de los capilares y de las venas.
No en vano, según se ha revelado recientemente, el hamamelis se encontraría entre las 2 mejores plantas antioxidantes, de entre unas 65 especies botánicas analizadas por científicos japoneses.
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