El tomate, jitomate o tomatera, es una planta de la familia de las solanáceas, originaria de América y cultivada en todo el mundo por su fruto comestible. Las flores de la planta son hermafroditas, actinomorfas y péndulas, de color amarillo brillante. Dicho fruto es una baya muy coloreada, típicamente de tonos que van del amarillento al rojo. Posee un sabor ligeramente ácido y se lo produce y consume en todo el mundo tanto fresco como procesado de diferentes modos, ya sea como salsa, puré, jugo, deshidratado o enlatado.
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Existen evidencias arqueológicas que demuestran que el tomatillo, una variedad del tomate, ácida y de color verde, que aún se consume en México, fue usada como alimento desde épocas prehispánicas. Esto hace pensar que el tomate también fue cultivado y usado por los pueblos originarios mesoamericanos desde antes de la llegada de los españoles. Es posible que después de la llegada de éstos el tomate se cultivara y consumiera más que el tomatillo por su apariencia colorida y su mayor tiempo de vida después de ser cosechado.
Los mayas y otros pueblos de la región lo utilizaron para su consumo, y se cultivaba en México meridional, y probablemente en otras áreas hacia el siglo XVI. Dentro de las creencias del pueblo, quienes presenciaban la ingestión de semillas de tomate eran bendecidos con poderes adivinatorios. El tomate grande y grumoso, una mutación de una fruta más lisa y más pequeña, fue originado y alentado en la América Central. Andrew Smith (en su libro “El tomate en América de Andrew Smith“) indica que este es el antepasado directo de algunos tomates modernos cultivados.

Continúa en: Historia y beneficios del tomate. Parte 2º
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