El aceite de oliva es el zumo de la aceituna. Y forma parte de la alimentación desde hace siglos, aportando indiscutibles beneficios a nuestro organismo.
Entre las muchas propiedades del aceite cabe destacar que nutre, suaviza, conserva y aromatiza, impermeabiliza, lubrifica, depura y limpia, lo que le ha hecho símbolo de sabiduría, luz, inteligencia y paz.

El virgen y el puro de oliva son los más ricos en vitamina E (antioxidante natural) y fitosteroles. Todos ellos destacan por su elevado aporte de grasa monoinsaturada (principalmente, ácido oleico), la que mejor colabora en la prevención de enfermedades cardiovasculares. Esta grasa monoinsaturada aumentan los niveles en sangre del ‘buen colesterol’ (HDL-colesterol).
A su vez, la vitamina E y el ácido oleico evitan la oxidación de las lipoproteínas o transportadores en sangre del colesterol que se relacionan con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y de otras sustancias vinculadas con el desarrollo de ciertos tipos de cáncer.
Aunque existen cerca de 90 variedades de aceituna, son alrededor de veinte las que se utilizan de forma habitual para hacer aceite. El mejor aceite, el más puro, es aquel que no ha sufrido ningún proceso químico, ni siquiera calentamiento, es sencillamente el zumo de la aceituna que denominamos “aceite extra virgen”, que tiene una acidez hasta un grado. Elaborado de la misma manera, con sabores y aromas correctos, pero con un contenido de acidez de entre uno y dos grados es el “aceite de oliva virgen”.
Otra observación, es su capacidad para aumentar su volumen en la sartén, no alterarse y de resistir el deterioro inmediato, son virtudes únicas del aceite de oliva.
Imagen: ansa
Vía: sanopordentro