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Cirrosis: causas, síntomas y tratamiento

La cirrosis es una de las enfermedades que afectan al hígado y dificultan el flujo de sangre de modo que se debe tratar a tiempo para evitar males mayores. Veamos a continuación qué es la Cirrosis: causas, síntomas y tratamiento.

Las causas de la Cirrosis

La cirrosis es un proceso en el que se produce una cicatrización del hígado, causado por lesiones o enfermedades a largo plazo. Las cicatrices reemplazan progresivamente el tejido hepático sano y dificultan el flujo normal de sangre a través del hígado.

Cirrosis causas

Tener un hígado saludable es necesario porque entre otras cosas nos ayuda a combatir infecciones, a limpiar la sangre o digerir correctamente los alimentos, de modo que si se da el caso de tener un hígado con cantidades significativas de tejido cicatricial, este no podrá funcionar correctamente y con ello, estaremos poniendo en riesgo nuestra vida.

Una enfermedad como la cirrosis es un proceso irreversible, del cual no es posible curarse, pero el tratamiento temprano puede mantener los síntomas bajo control y prevenir el empeoramiento de la condición.

Para ello, tenemos que tener muy claras cuáles son las causas entre las que tenemos:

  • Hepatitis C crónica,
  • Abuso de alcohol,
  • Esteatohepatitis no alcohólica (una forma más grave del hígado graso común).

Hepatitis C

La hepatitis C es una inflamación del hígado causada por un virus. La infección se transmite a través de la sangre, por ejemplo mediante el intercambio de agujas (conscientes o accidentales) o, menos comúnmente, a través de las relaciones sexuales. También es posible la transmisión vertical de madre a hijo durante el parto.

La infección por hepatitis C es a menudo crónica, es decir, se vuelve persistente, y con el tiempo incluso va a más debido a que daña el hígado de manera progresiva dando pie a la cirrosis. En los últimos años se han ido descubriendo terapias que puedan erradicar el virus y curar al paciente de la infección, pero por desgracia a menudo se diagnostica sólo en una etapa avanzada.

Abuso de alcohol

El consumo excesivo de alcohol es una causa segura de daño hepático; la cirrosis relacionada con el alcohol puede aparecer incluso diez años después (o más) del abuso y, lamentablemente, los síntomas aparecen a menudo cuando el daño ya es significativo. Las mujeres, debido a la constitución física, están en mayor riesgo que los hombres.

Esteatohepatitis

En el caso de la esteatohepatitis no alcohólica se observa una acumulación de grasa en el hígado y, paralelamente, un aumento de fenómenos inflamatorios puede causar daño a las células hepáticas; esta condición inflamatoria crónica causa fibrosis antes y después de la cirrosis.

Entre los factores de riesgo y las causas capaces de desencadenar el proceso recordamos:

  • Sobrepeso
  • Diabetes,
  • Hiperlipidemia (exceso de colesterol y / o triglicéridos en la sangre),
  • Presión arterial alta,
  • Síndrome metabólico.

Entre las causas menos comunes de cirrosis recordamos:

  • Algunas drogas, drogas y productos químicos peligrosos,
  • Infecciones,
  • Hepatitis crónica B / D, es decir, infecciones virales del hígado,
  • Hepatitis autoinmune, en la que el propio sistema inmune destruye las células hepáticas por error,
  • Enfermedades que dañan o destruyen los conductos biliares, es decir, los tubos que transportan la bilis hepática,
  • Algunas enfermedades hereditarias, es decir, enfermedades que se transmiten de los padres al niño, como Hemocromatosis, una enfermedad en la cual el hierro se deposita en el hígado;
  • La enfermedad de Wilson, una condición que causa acumulaciones de cobre en el hígado;
  • La porfiria, una enfermedad que afecta la piel, la médula ósea y el hígado.

Los síntomas de la Cirrosis

Las primeras etapas de la cirrosis pueden ser asintomáticas, mientras que en fases más avanzadas pueden aparecer:

Cirrosis causas sa­ntomas y tratamiento
  • fatiga,
  • debilidad;
  • pérdida de apetito
  • náuseas y malestar estomacal
  • pérdida de peso,
  • picazón;
  • aparecen debajo de la piel de los vasos sanguíneos rojos, manchas forma de araña.

En caso de un mayor deterioro, puede aparecer lo siguiente:

  • Facilidad de hematomas o sangrado, incluida epistaxis (hemorragias nasales);
  • Distensión o hinchazón debido a la acumulación de líquidos en las piernas o el abdomen (el área entre el tórax y las caderas). La acumulación de líquido en las piernas se llama edema, mientras que en el abdomen se llama ascitis;
  • Mayor efecto de los medicamentos, incluida la automedicación, como vitaminas y suplementos. El hígado no metaboliza drogas con la velocidad de un hígado normal;
  • Confusión o dificultad para pensar en la acumulación de productos de desecho de alimentos en la sangre o en el cerebro;
  • Hipertensión, es decir, el aumento de la presión venosa que ingresa al hígado (vena porta);
  • desarrollo de varices (venas dilatadas) en el estómago y el esófago. Las varices pueden causar sangrado repentino, causando la emisión de sangre con vómitos o defecación;
  • Cambios en la función o falla renal.
  • Ictericia, es decir, la piel y el blanco de los ojos adquieren una tez amarilla;
  • Picazón intensa;
  • Cálculos biliares.

En las primeras etapas, la cirrosis puede causar agrandamiento del hígado. Luego, cuando el tejido cicatricial reemplaza el tejido normal, el hígado se hace más pequeño.

Un pequeño porcentaje de personas con cirrosis también desarrollan cáncer de hígado de modo que se hace importante diagnosticar la enfermedad, y aunque no tenga cura tal y como ya hemos mencionado, sí que puede ser tratada.

El tratamiento contra la Cirrosis

Sabiendo que la cirrosis no tiene cura, el tratamiento se centrará manejar los síntomas y las complicaciones de manera efectiva y, sobre todo, retrasar su progresión.

Cirrosis causas sa­ntomas

El tratamiento de la causa desencadenante suele ser el primer paso, por lo que el recurso, por ejemplo, a los antivirales en caso de hepatitis C.

El siguiente paso es el manejo de los síntomas y las complicaciones a través de medicamentos específicos, pero una modificación cuidadosa del estilo de vida es un requisito fundamental para aumentar la efectividad de la terapia:

  • detener el consumo de alcohol,
  • perder peso si es necesario
  • practica actividad física regular,
  • prestar atención a la higiene para reducir el riesgo de infecciones,
  • mejorar su nutrición y evitar el riesgo de desnutrición debido a la disminución del apetito.

En el caso de pacientes en quienes el daño es tan avanzado como para predisponer al desarrollo de insuficiencia hepática, la única vía viable es la del trasplante hepático.

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