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Disfunción cerebral | Causas y tratamientos

Cuando se habla de disfunción cerebral existe una gran cantidad de discrepancias tanto de su etimología como de la terminología a utilizar. Sin embargo, suele haber uniformidad con respecto a la descripción de los síntomas, sus causas y su tratamiento.

Se habla de disfunción cerebral mínima para referirse a niños que, a pesar de que su inteligencia puede ser normal, superior o inferior a ésta, presentan ciertas dificultades en el aprendizaje, así como problemas de conducta de diferente grado. Estos están asociados a ciertas desviaciones en las funciones que desempeña el Sistema nervioso central.

Qué es una disfunción cerebral

La disfunción cerebral puede aparecer manifestándose con una combinación de deficiencias en diferentes áreas del cerebro como la del lenguaje, la memoria, la atención, la percepción, la conceptualización, la acción motora o el impulso.

Debido a la amplitud de trastornos infantiles que pueden encajar en la definición de la disfunción cerebral, el término suele asociarse a cerca de cincuenta denominaciones distintas. Algunas de estas hacen referencia a la parte orgánica del problema que se presenta, como un daño o una lesión cerebral, un impedimento neurológico mínimo…

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Por el contrario, otras denominaciones hacen referencia a las consecuencias de sufrir este tipo de trastornos, como serían los trastornos relacionados con el aprendizaje, la dislexia o el síndrome conductual hiperkénico.

Hoy en día, el síndrome de la disfunción cerebral mínima se ha ido delimitando en la práctica clínica y, aunque no existen datos concluyentes, una gran cantidad de personas investigadoras y clínicas lo consideran una etiología neurológica.

Existen tres etapas en el desarrollo de la disfunción cerebral mínima:

  • Retraso evolutivo hasta los 6 o 7 años, edad en la cual comienza a normalizarse el desarrollo.
  • Nuevas dificultades en la escolarización, como en la lectura o la escritura.
  • Trastornos de conducta que se agudizan en la preadolescencia, pero que comienzan a suavizarse una vez superada esta.

Debido a que los niños afectados por el trastorno de disfunción cerebral no presentan niveles bajos en su coeficiente intelectual, son conscientes de las limitaciones que sufren, por lo que tienden a experimentar frustración e impotencia frente a sus fracasos.

Con frecuencia esta frustración viene acompañada de ansiedad de carácter intenso y presentan, además, poca tolerancia a dicha ansiedad, lo que empeora la situación. Los problemas que pueden aparecer son los siguientes:

  • Apatía, depresión, pérdida de la actividad, procesos regresivos… Los niños con personalidad hipoactiva son los que presentan en mayor medida los problemas de adaptación durante la adolescencia.
  • Desintegración. Se produce una desorganización de la actividad afectiva, así como una pérdida de las aptitudes abstractivas. Todo ello se traduce en perplejidad, impulsividad e irrefrenabilidad. En ese caso hablamos de la hiperkinesia.

Causas de una disfunción cerebral

La disfunción cerebral mínima se relaciona a menudo con el daño cerebral. Las exploraciones neurológicas han demostrado que existe cierta anormalidad neurológica en la mayoría de los pacientes que han sido diagnosticados con este trastorno.

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Los antecedentes han indicado que se produce una alteración que puede ser de origen traumático o inflamatorio, durante el nacimiento o poco tiempo después. Este tipo de alteraciones pueden deberse a:

  • Un desarrollo incorrecto, como una desviación estructural.
  • Daño a las estructuras del sistema nervioso central, provocado por traumas, infecciones…
  • Un mal funcionamiento pero sin presentar modificación estructural. Puede aparecer por algún tipo de interferencias en los momentos críticos del desarrollo de cada función.

El síntoma que mejor permite identificar la disfunción cerebral mínima es la falta de atención, ya que se observan irregularidades con gran facilidad en un electroencefalograma. Otros trastornos relacionados son los siguientes:

  • Trastornos de percepción: inversión del campo sensorial; incapacidad para seleccionar estímulos; disociación, es decir, capacidad deficiente para relacionar las partes y el todo, etc.
  • Trastornos cognitivos: del lenguaje, falta de memoria repentina, relaciones conceptuales basadas en estereotipos, etc.
  • Trastornos de conducta: motores, como la dificultad para la coordinación o hiperactividad; inhibición deficiente; impulsividad que impide ver las consecuencias de sus actos; personalidad temeraria e incontrolada, agresividad, etc.

Para el diagnóstico de la disfunción cerebral deben incluirse una serie de pruebas concretas, ya que debe valorarse el cuadro total. Estas incluyen un anamnesis, que busca descubrir un retraso madurativo, trastornos de conducta o de aprendizaje; una exploración neurológica y un electroencefalograma, para evaluar las funciones motora, sensorial, integrativa y cognitiva.

Otras pruebas son el EEG, que permite obtener un trazado que demuestra la desorganización del aprendizaje, una exploración psicológica evaluando la capacidad para la lectura y un test guestáltico visomotor de Bender y del dibujo de una figura humana.

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Las pruebas deben realizarse preferiblemente a partir de los seis años, ya que en edades más tempranas existe una escasa diferenciación psíquica con respecto a la organicidad.

Tratamientos para una disfunción cerebral

En los casos de disfunción cerebral mínima, debe realizarse un planteamiento individual que permita identificar los déficits específicos de cada uno de ellos, ya que no existe una homogeneidad.

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Los tratamientos para estos trastornos abarcan diferentes ámbitos, como son los siguientes:

  • La pedagogía curativa y el adiestramiento específico: busca la reorganización funcional, por medio de ejercicios de coordinación motora. Se recomienda prestar atención a los procesos que pueden intervenir durante el aprendizaje, en lugar de centrarse en el contenido que se va a enseñar.
  • El manejo y la estructuración del medio: la privación sensorial se produce principalmente cuando se da una sobreestimulación y no cuando la estimulación es escasa.
  • Medicamentos: la medicación debe elegirse y dosificarse cuidadosamente para cada caso. Puesto que no se trata de una enfermedad, el tratamiento principal debe centrarse en la educación y mejora de las habilidades del niño o niña y no en la administración de sustancias.
  • Psicoterapia y asesoramiento: se busca impulsar la autoestima del niño/a ayudándole a madurar emocionalmente, para calmar sus reacciones frente a la frustración (agresividad, negativismo, etc. ).

La rehabilitación en estos trastornos es larga, pero la madurez y el desarrollo permiten mejorar de manera significativa los problemas que se presentan con la disfunción cerebral. Si se diagnostica antes de los seis años, el pronóstico de recuperación es muy favorable.

El tratamiento no sólo debe incluir al niño o niña sino también a su familia, mostrándoles una visión clara del problema para que puedan cooperar en la reeducación. Durante al adolescencia se suele agudizar la problemática, por lo que es una etapa especialmente sensible.

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Fuentes de imágenes:

  • minuevoblogmail.blogspot.com.es/
  • www.neurorhb.com/
  • ideasqueayudan.com/