Escrito por Tendenzias

Me pica la piel ¿por qué? | La piel y los nervios

El picor de piel es una de las afecciones más molestas y desagradables que podemos experimentar y que cada vez es más común en hombres y mujeres, entre otras cosas por el ritmo de vida poco saludable que tenemos en la sociedad de hoy.

En este artículo vamos a explicar las razones por las que puede darse esta afección y vamos a dedicar un capítulo específico a la relación que se sugiere entre estrés y picores. Intentaremos responder a la pregunta me pica la piel, ¿por qué?|La piel y los nervios.

Me pica la piel, ¿por qué?

Se puede dar por varias causas de dos tipologías. En primer lugar, como síntoma de algún tipo de dolencia, en especial cutánea, como pueden ser los eczemas, la psoriasis o la dermatitis, pero también de otra clase. En todo caso, es una reacción del organismo ante algún tipo de virus o bacteria. En el 90% de los casos, un picor que no sea puntual y limitado responderá a algún tipo de patología física y lo más sensato es considerar esta posibilidad antes que ninguna otra.

Sin embargo, una tipología poco conocida y a la que hay que prestar atención es que también se pueden padecer picores en la dermis derivados del estrés. Eso se debe a que el estrés que, al fin y al cabo, es una respuesta adaptativa de nuestro organismo que activa el sistema inmunológico que genera estos picores.

De alguna forma, habría que preguntar si fue antes el huevo que la gallina. Si bien es cierto que los picores se pueden deber a que estemos incubando alguna enfermedad, también el estrés como generador de picores puede dar lugar a somatizaciones físicas. De todas formas, lo que sí que hay que indicar es que, una vez que la somatización ya es externa y evidente, es el momento de aplicar un tratamiento.

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Relación entre la piel y los nervios

Se ha estudiado en el campo de disciplinas holísticas una forma de somatizar en forma de picores algún trastorno nervioso y, a nivel médico, se están sugiriendo relaciones. Por ejemplo, la psiquiatría clásica ya asume que hay determinados conflictos en el subconsciente que se representan a través del picor en la piel y la necesidad de rascarse.

En el año 2008, un grupo de científicos de la Universidad de Berlín realizaron un estudio con ratones en el que vinculaban el estrés con una mayor generación de glóbulos blancos y células inmunes en la piel y, por lo tanto, con la aparición de picores, lo que sugiere que también se puede dar en otros mamíferos como los simios y los humanos.

Ahora bien, lo que significa, en todo caso, es que hay algo o alguien en nuestra mente que no nos causa indiferencia y ante lo que reaccionamos; el rascarse ante el picor es, pues, una forma de aliviarse y de eliminar tensiones. Por lo tanto, cuando estamos nerviosos estamos excitados por algo, y el picor es la reacción de nuestro organismo; hay que señalar, eso sí, que la excitación no tiene por qué ser buena o mala en principio, y dependerá del caso que se presente ante nosotros.

Este principio nos lleva, por ejemplo, a asumir que cuando rechazamos algo o lo percibimos como amenaza, nuestro organismo reacciona y los picores son una señal de ese funcionamiento y de esa alerta. Al fin y al cabo, nuestro origen primitivo está ahí y el cerebro reptiliano sigue la lógica básica de huir o luchar según el caso.

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Una asociación intuitiva pero que puede resultarnos de gran ayuda en ocasiones, consistirá en vincular la zona donde sentimos el picor con el conflicto psicológico latente, como la cabeza, los brazos o la cara. Por ejemplo, se asocia a un lado la polaridad paterna y a otro la materna, y en casos donde aparentemente no encontremos una razón médica, esta puede ser una pista que hemos de tener presente. Se dan muchos casos de gente que tiene erupciones que aparecen y desaparecen al cabo de un tiempo y en las que los alergólogos no se acaban de poner de acuerdo en lo que ha sucedido porque no responden al paradigma que han aprendido en la facultad.

Hay que tener en cuenta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que el 90% de las enfermedades son de origen psicosomático, por lo cual que un picor pueda desaparecer con posterioridad a la resolución e integración de un conflicto que generó estrés no es en absoluto cosa de brujos o chamanes, sino algo perfectamente posible con una explicación racional. Lo que sucede, simplemente, es que el cuerpo ha entendido una situación y no necesita reaccionar ante ella, con lo que el proceso homeostático funciona de forma natural y no se ve obligado a reforzar los niveles de glóbulos blancos o anticuerpos.

La ventaja que tenemos es que, de la misma manera que existe el cerebro reptiliano, también tenemos un sistema límbico y un neocórtex, lo que implica que, a diferencia de los demás seres del reino animal, tenemos la capacidad de entender los orígenes psicosomáticos de determinados síntomas. Más allá de las creencias personales, si algo veo cada vez más claro es que el ser humano es la criatura con mayor capacidad de regenerarse y de destruirse al mismo tiempo y que, bien enfocado, tenemos un potencial de sanarnos del que ni nosotros mismos llegamos a ser conscientes.

En todo caso, es fundamental señalar que, a pesar de lo que hemos sugerido en este artículo, aquí no queremos jugar a ser médicos y que, como medida preventiva básica, si se dan picores con persistencia en el tiempo, y mucho más si ya está implicando una sintomatología visible, lo indicado será dirigirse a un facultativo (ya sea de medicina general o dermatólogo) que nos haga un diagnóstico y nos prescriba el correspondiente tratamiento.

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Fuentes de imágenes:

  • https://pixabay.com/

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